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Mariposa Tecknicolor/ Serena

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"Extender las alas, animarnos a volar y a brillar, hasta que toda nuestra sensibilidad y sensualidad queden desnudas y reflejen la profundidad de la que somos portadoras. Que nuestro vuelo por esta vida sea tan placentero como la refrescante sensación en el rostro de una brisa serena. Que podamos convertirnos en mariposas llenas de vibración, irradiantes de color y refulgidas de vida. Julieta Inés Dal Lago.".- (Taller de pintura "PintóPintar", @pedrovayúgallinger, #muestra, #arte, #colores, #felicidad, #graciastotales- El universal espacio cultural) ©.- Julieta Inés Dal Lago

Apología al Periodismo

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Por Julieta Inés Dal Lago Si tuviera que expresar en palabras lo que me dio este oficio, me quedaría corta, pero voy a hacer el intento. La adrenalina, curiosidad, el hambre por la verdad y la investigación, fueron los primeros síntomas que me despertaron y llevaron a involucrarme con esta magnífica práctica adictiva de querer saber más y más. Así llegué a entender que el mundo que imaginaba, lleno de fantasías e historias mágicas, no existe; así llegué a comprender que la historia oficial que aprendemos cuando empezamos el colegio, está influenciada y manipulada por los gestores de turno; así llegué a quitarme el velo que me impedía ver cómo funciona el mundo en verdad. Le doy gracias a este oficio por abrirme las puertas al mejor mundo que pude haber conocido, el de la verdad cruda, un mundo lleno de dolor y decepciones, pero el único real. Además, pude encontrarme con personas que comparten la inquietud intelectual y espiritual por tratar de resolver misterios...

"Rayuela": Capítulo 7, Libro primero: "Del Lado de allá", del escritor Julio Cortázar (1914-1984)

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"Toco toda tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si, por primera vez, tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar; hago nacer, cada vez, la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que, por un azar que no busco comprender, coincide exactamente con tu boca, que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y, entonces, jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces,...

Nerudeando

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Por Julieta Inés Dal Lago Muere lentamente aquél, a quien se le han quitado los sueños, las ilusiones, las esperanzas, los anhelos. Muere lentamente quien no expresa lo que siente, quien no manifiesta las ideas latentes en su mente, quien no dice realmente lo que piensa. Muere lentamente quien no es fiel a sí mismo, quien no logra reflejar en su vida externa lo que vive en la interna. Muere lentamente quien no se juega por lo que lo apasiona, por lo que lo inspira. Muere lentamente quien se aleja de su corazón, quien intenta anular, con la razón, los sentimientos, quien calla su voz y no anuncia en palabras el bocado digerido, o no, el cual llega a convertirse en un bolo alimenticio, causante de un nudo amarrado en su garganta. Deja de ser quien es, aquél, quien disfraza su Ser real y sensible, y exhibe un figurón, digno de la aceptación vulgar y premeditada de quienes lo rodean. Vive en la mentira quien oculta sus vivencias, quien, permanentemente, manif...

Extraños amigos

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Por Julieta Inés Dal Lago "¿Y qué tenía yo para darle?, ¿por qué me hubiese elegido?", preguntó Josefina a aquél hombre con quien mantenía una charla sobre historias pasadas, en una plaza dormida por la llegada de la luna e iluminada por los copos de nieve que decoraban el cielo. Él no era nadie o, mejor dicho, era alguien, aunque ella no lo conocía. Por esas casualidades de la vida, en el que el tiempo hizo que se cruzaran y compartieran un banco duro de madera, ubicado en el medio de un pulmón de aire urbano (La Plaza Las Heras), comenzaron a intercambiar palabras variadas. Pero no fue sólo eso, no era un simple ida y vuelta de oraciones vagas o sin contenido; sin darse cuenta, se escoltaron mutuamente en el dolor que escondía cada uno detrás de los relatos (o leyendas) que contaron como propios. Su punzante y penosa mirada la atormentó por un rato. Ella estaba sentada en una punta y él, en la otra. Sus ojos se cruzaron en diferentes momentos. Él ...